Quien abra un libro de Henry Miller, cualquiera de ellos, con la intención de volver a leerlo, de volver a sentirse envuelto en la misma ráfaga de entusiasmo y de alegría de vivir que le acompañó en una primera lectura, experimentará la  misma sensación que se tiene cuando uno se reencuentra con un viejo, querido y leal amigo, compartiendo novedades, recuerdos y anécdotas, comprobando que en lo esencial, continúa siendo el  mismo, que su contagiosa dicha por la existencia se mantiene incólume, que la afectuosa camaradería de sus primeras palabras al conocerlo está tan fresca como antes, y que el ambiente que produce su presencia es el más idóneo  para la celebración, para el desbordamiento del regocijo, del júbilo. Vienen ahora a cuento las descripciones del propio Miller sobre sus reencuentros con Blaise Cendrars, en París, o con Lawrence Durrel, en Corfú, sus almas gemelas, escritores tan vitalistas y prolíficos como él mismo.

Henry Miller nación en Nueva York, el año 1891, criado el Brooklyn, no fue hasta cumplir cincuenta años cuando alcanzó la notoriedad, con su primer libro: “Trópico de Cáncer”escrito en París y publicado en 1934.

Tras su publicación la novela fue calificada de obscena, pornográfica, por la abundante cantidad de pasajes eróticos, abiertamente sexuales que recorren sus páginas. Pero su calidad literaria y su originalidad narrativa han hecho de ella una obra maestra. 

Empieza así: 

“Estoy viviendo en la Villa Borghese. No hay la menor migaja de suciedad en ninguna parte, ni una silla fuera de lugar. Estamos solos aquí, y estamos muertos.

Anoche, Boris (un amigo con el que Miller compartía un apartamento en Paris)ha descubierto que tiene piojos. Tuve que afeitarle las axilas y aún así no cesó la picazón. ¿Cómo se pueden tener piojos en un lugar tan hermoso como este? Pero no importa. Nunca habríamos llegado a conocernos tan íntimamente el uno al otro, Boris y yo, de no ser por los piojos.

Boris me acaba de dar un compendio de sus puntos de vista. Es un profeta del tiempo. El tiempo continuará siendo malo, dice. Habrá más calamidades, más muertes, más desesperación. No hay la menor indicación de cambio en ningún lugar. El cáncer del tiempo nos está devorando…Ahora es el otoño de mi segundo año en París. He sido enviado aquí por una razón que no acabo de desentrañar.

No tengo dinero, ni recursos ni esperanza. Soy el más feliz de los hombres.”

La cantidad de libros escritos por Henry Miller es abundante. Marcado por la intensa y compleja relación que mantuvo con su segunda mujer, a la que en sus novelas le llama June, que era su nombre, o Mona, en casi todas sus obras, incluso en las de carácter menos novelesco, no deja de mencionarla, como, por ejemplo, en su breve pero cautivador escrito sobre Artur Rimbaud.         

“Fue en 1927, en el sótano de una sórdida casa de Brooklyn, donde oí mencionar por primera vez el nombre de Rimbaud. Tenía por aquél entonces 36 años y me encontraba sumido en las profundidades de mi propia e interminable temporada en el infierno. En la casa había un libro fascinante sobre él, pero nunca le eché ni siquiera un vistazo…Como decía, aún cuando Rimbaud era el perpetuo y absorbente tema de conversación entre Thelma, amiga de mi mujer (June) no hice ningún esfuerzo por conocerlo. En realidad, me debatí como un verdadero demonio para desterrarlo de mi mente; se me antojaba entonces que era él, precisamente, el genio maléfico que inspiraba, involuntariamente, todas mis angustias y desdichas…La vida que llevábamos los tres y que he narrado extensamente en “La Crucifixión en Rosa” (The Rosy Crucifixion), parecía extraída de uno de los relatos de Dostoievski. Hoy me parece irreal, increíble…El día que leí la primera línea de Rimbaud recordé de pronto que Thelma se deshacía en elogios hacia (Le Bateau Ivre), “El barco Ebrio”. Qué expresivo resulta ahora ese título, después de todo cuanto he vivido y experimentado. Mientras tanto, Thelma murió en un manicomio, y si yo no hubiera ido a París y no hubiera comenzado a trabajar en serio, creo que habría terminado como ella. En ese sótano de los altos de Brooklyn, mi propio barco había encallado. Cuando finalmente, la quilla estalló y me encontré en alta mar, navegando a la deriva, me di cuenta de que estaba libre y la muerte por la que acababa de pasar me había liberado.”

Apasionado de la literatura, devoto incondicional de los escritores y filósofos que habían insuflado en él el amor por la literatura y los libros, no cesó nunca de mostrar su gratitud hacia todos aquellos nobles y vigorosos espíritus a los que veía como mentores, como maestros. Entre ellos habría que contar a Nietzsche, Dostoievski, Rimbaud, Blaise Cendrars, Lawrence Durrell, Jean Giono, Knut Hamsun, entre tantos otros.

Precisamente sobre Knut Hamsun escribió en 1971, en la New York Times Book Review a propósito de una nueva edición de su “Misterios

“Acaba de aparecer Misterios en una nueva edición, y aunque sea la séptima o la octava vez que me sumerjo en esta novela, tengo como siempre la impresión de descubrirla. No es el más grande libro jamás escrito, pero de entre todos aquellos que he podido leer es el que me toca más de cerca. Si hay un autor al que he intentado deliberadamente imitarle, sin conseguirlo, ese es Knut Hamsun” 

Uno de sus más hermosos escritos es que lleva por título: “Los libros en mi vida”un repaso voluminoso de los libros y autores que más le han cautivado.

El año 1990 se estrenó la película “Henry y June”,que muestra episodios de Henry Miller y June, durante el tiempo que vivieron en París.  La actriz Uma Thurman hace el papel de June, y Maria de Medeiros, actriz portuguesa, encarna a Anais Nin, la célebre escritora, amiga y amante de Miller.

En el primer tomo de su “Crucifixión en RosaSexus”, cuenta Miller:

“Debió ser un martes por la noche cuando la encontré por primera vez, en el salón de baile. Me presenté en el trabajo en la mañana, después de haber dormido una o dos horas, con el aspecto de sonámbulo. El día pasó como un sueño.  Después de cenar me quedé dormido en el sofá y me desperté completamente vestido sobre las seis de mañana del día siguiente. Me sentía totalmente fresco, puro de corazón, y obsesionado con una idea: conquistarla a cualquier costo. Caminando a través del parque deliberé sobre qué tipo de flores le mandaría con el libro que le había prometido (Winesburg, Ohio). Me estaba aproximando a mis treinta y tres años, la edad de Cristo Crucificado. Toda una nueva vida estaba delante de mí. De hecho, no tenía nada que arriesgar: estaba en el peldaño más bajo de la escalera. Un fracasado en todo el sentido de la palabra”      

Henry Miller, novelista, cuentista y ensayista estadounidense. Nació el 26 de diciembre de 1891en Nueva York y falleció el 7 de junio de 1980, a los 89 años, en Los Ángeles, Estados Unidos.