Las causas

Evo Morales y su ministro de Finanzas recibieron un país con todas las bases para empezar un periodo de desarrollo y crecimiento sin precedentes.  En 2006 casi no había déficit fiscal, el saldo comercial era superior a los 1.500 millones de dólares, la deuda externa era de apenas 3.200 millones y la deuda interna de 3.000 millones, había inversión privada nacional y extranjera y el PIB crecía por encima del 4%.  Los gobiernos anteriores les habíamos asegurado suficientes reservas de gas, un gasoducto y contratos ventajosos con Argentina y Brasil, además habíamos negociado la condonación de la mayor parte de la deuda externa.

Con estas ventajas y gracias al aumento del precio internacional del gas y los minerales, no a los méritos de Morales y Arce, entre 2006 y 2019 ingresaron 91.000 millones de dólares por exportaciones, el mayor monto en nuestra historia. Estos personajes no solo recibieron una cantidad jamás imaginada, sino que pudieron gobernar con 2/3 del Congreso y el control de todos los Órganos del Estado, es decir sin ninguna oposición ni fiscalización.

El gobierno del MAS implementó un modelo económico centralista que se concentraba en la inversión pública, aumentó los empleados públicos de 200.000 el año 2006 a 536.000 en 2024, creó más de 36 empresas públicas, la mayoría deficitarias, hizo cerrar el LAB y convirtió a YPFB en una entidad dividida, ineficiente y corrupta y armó el más grande aparato de propaganda jamás visto, en el que gastó cientos de millones para mentir, engañar y promover su modelo. Impuso a militantes masitas en la Contraloría, la Fiscalía y la Procuraduría para evitar la fiscalización y creó un Ministerio de Transparencia donde colocó a los más obsecuentes funcionarios para que protegieran y apañaran la corrupción.

Pero lo peor fue lo que hizo con los recursos naturales.  Impuso una falsa nacionalización del gas que desincentivó completamente la inversión extranjera, y decidió dejar de invertir en exploración y explotación, lo que hizo caer las reservas. En 18 años agotó lo que el país tenía sin reposición alguna, y nos convirtió en importadores netos de hidrocarburos. 

A partir de 2014, Morales y Arce incrementaron el déficit fiscal hasta llegar a entre un 7% y un 8,5% del PIB que lleva ya 10 años consecutivos, el mayor en esa proporción en más de un siglo. Gastaron sin freno las reservas de divisas y de oro monetario; de 15.000 millones de dólares de reservas en 2015 pasamos a prácticamente cero en 2024.  Hoy la deuda externa es de 14.000 millones de dólares, la interna alcanza a 20.000 millones. Nunca debimos tanto.  El crecimiento del PIB es menor al 3% y seguirá cayendo.  Tenemos los peores índices de inversión extranjera en las últimas décadas y los más altos indicadores de riesgo en la región.  Somos el país más informal del mundo, el peor de la región en libertad económica después de Venezuela y uno de los más corruptos del continente. En eso nos han convertido los dos presidentes del MAS. 

Un modelo fracasado

Enceguecidos por las cantidades gigantescas de recursos que los precios internacionales les dieron, Morales y Arce se dedicaron a construir coliseos, canchitas, mercados y sedes para los jerarcas de la COB, abrir empresas públicas, la inmensa mayoría ineficientes y deficitarias, como la fábrica de urea que tiene que dejar de funcionar la mayor parte del año y que costó mil millones de dólares. 

En 18 años no desarrollaron el litio; hoy se sabe que lo poco que hicieron también está plagado de corrupción e ineficiencia. El Mutún es otro gran fracaso, las plantas refinadoras no tienen materia prima garantizada.  Diversificación inexistente. modelo productivo agotado y matriz de consumo energético al borde del colapso. Cero incentivo a la inversión privada nacional e internacional y una inflada inversión pública financiada por el doble camino de exprimir al BCB e incrementar el déficit.

El estallido de la crisis

En marzo de 2023 llegó la inevitable crisis agravada en 2024. El precio de una fiesta que duró 17 años. 

Las exportaciones de gas cayeron a sólo 2.000 millones de dólares (en 2013 eran de 6.700). Se acabaron las reservas de divisas y se comenzó a pignorar el oro monetario. La ley del oro no equilibró las cosas. Aumentó la deuda. A pesar de los créditos aprobados, de ellos más de 2.000 millones de libre disponibilidad. La ineficiencia de su gestión ha hecho que buena parte no se haya desembolsado aún. El servicio de la deuda supera los 1.500 millones y la subvención a los hidrocarburos en 2023 superó los 1.800 millones de dólares.

Los dogmas del fracaso

“Se mantendrá el cambio fijo de la moneda”.

“No se tocará la subvención de hidrocarburos manteniendo fijos los precios de la gasolina y el diésel”.

Desde marzo de 2023 vivimos una falta casi total de dólares. Ni gobierno, ni importadores, ni público, pueden acceder a la divisa norteamericana. El gobierno apenas puede mantener la subvención de los hidrocarburos. Las consecuencias son:

  1. un corralito de hecho que limita al mínimo la disponibilidad de dólares en el sistema financiero y una devaluación de facto que ha llevado el cambio de 6,96 nominal a más de 8 -y subiendo-. El cambio fijo se está desmoronando.
  2. La subvención de los hidrocarburos ha llevado a una dramática escasez de provisión preocupante en las capitales, permanente en provincias. En muchos puntos del país el precio de la gasolina y diésel se ha triplicado o cuadruplicado, y en el sector agroindustrial se ha aceptado con pragmatismo un precio promedio del diésel superior a los 6 bolivianos por litro.

Consecuencias para el pueblo

  1. Aumento de la informalidad, el contrabando, el narcotráfico y la consecuente inseguridad ciudadana.
  2. Falta de trabajo
  3. Inflación real frente a datos oficiales que la niegan. 
  4. Endeudamiento creciente de la población para cubrir sus obligaciones diarias.
  5. Caída a la pobreza de muchos compatriotas 

Interpelación a Arce

  1. Arce insiste en dos mentiras, que se mantiene el cambio fijo y que la subvención garantiza precios inamovibles y abastecimiento. 
  2. Arce mantiene gastos desmesurados, gigantesca burocracia y un déficit insostenible. 
  3. Arce no reconoce que hay un cambio paralelo que puede desbocarse, lo que desmiente la existencia de un cambio único.
  4. Arce no reconoce que no tiene recursos para cumplir sus obligaciones de pago de importación de hidrocarburos, y que en los hechos ni hay abastecimiento normal ni precios fijos de gasolina y diésel.
  5. En suma, Arce se niega a cambiar su “modelo” que nos está llevando al desastre.

Si no se toman medidas urgentes, corremos el riego de ir a un despeñadero económico en el corto plazo. 

Afirmamos, a la vez, que la única respuesta de largo plazo a la crisis es un cambio de modelo económico, político y social, una lucha real contra la corrupción, una recuperación de la institucionalidad con independencia de poderes y la recuperación plena de las libertades ciudadanas para todos los bolivianos. Esa respuesta es el cambio inevitable e imperativo que se producirá por el voto popular el año 2025. 

Carlos Diego de Mesa Gisbert

Presidente de la Alianza Comunidad Ciudadana