Qué difícil es creer en un solo Dios
Jesús ordenó a un muerto: "¡Levántate!". El difunto se incorporó y comenzó a hablar. Nadie había pedido ese milagro al Maestro, sino que fue fruto de su mirada cariñosa a la madre, que, viuda, quedaba en una penosa situación, en este mundo. Con tanta gente en busca de sanaciones, imaginemos a un religioso de hoy de cualquier rito, que simule milagros de este calibre... Arrasaría a nivel mundial. Bien nos cabe una definición de Jesús sobre la sociedad de su tiempo: "generación incrédula". No obstante, nos vemos tan necesitados de magia y profecías apocalípticas... "No creo que lleguen los tres días de tinieblas, pero, por las dudas, me compro las velas bendecidas... y pido en la parroquia un litro de agua bendita". "No creo que el santo o la santa me castigue si no paro en su santuario... pero, por las dudas, paro y dejo mi ofrenda...". "No creo que otros tengan poder para hacerme el mal,pero, por las dudas, que no falten agua debajo de la cama, velas, oraciones y aceites para alejar todo daño...". "No creo en las cadenas de milagros y amenazas, pero, por las dudas, las difundo...". Tal vez, a veces pensamos todo eso... Qué difícil es creer en un solo Dios. Creemos, pero, "por las dudas", le ponemos también una ficha a las otras creencias. El Evangelio nos muestra, en muchas ocasiones, que la fe es la que obra milagros y que los milagros no hacen la fe. A Jesús lo veían realizar milagros, pero no creían, y lo liquidaron porque molestaba. También hoy lo que molesta no son los milagros, las apariciones, las visiones... sino la fe centrada en el Señor Jesús resucitado y presente en este mundo en nuestros hermanos, a quienes tenemos que tratar como a él mismo. Sobre esto seremos juzgados, y no en si hemos creído o no en otras cosas.